Sueños.

jueves, 16 de junio de 2011 17:41 Publicado por Saddy Sweet 1 comentarios
Aquel día caí rendida ante los pies de Morfeo antes de que el sol desapareciese de mi cielo. Tenía sueño, aunque no estaba cansada. Probablemente por la fiebre, mi mareo acusaba el dolor de cabeza todavía más.
Recuerdo que la oscuridad de mis sueños me envolvió antes de que pudiese apagar la leve luz que ilumina tan sólo un trocito de la habitación. Después, abrí los ojos dentro de mi inconsciencia. Todo era oscuro, negro, opaco…Casi no podía ver. Andaba, y me tropezaba con el mobiliario de una habitación en la que jamás había estado. Parecía todo bastante antiguo al tacto. Entonces, me di la vuelta hacia donde había estado el marco de una puerta cerrada que había intentado encontrar inútilmente; y se iluminó algo al otro lado, algo que todavía no alcanzaba a ver y que despedía una extraña luz iridiscente por debajo de ésta. Me aproximé a la puerta extrañada y acompañada por mi respiración cada vez más intensa. Ahora, lo que estuviese al otro lado, brillaba con más fuerza, ya que el brillo de la luz que se colaba por debajo de la puerta brillaba tan fuerte que los tonos negros de mi oscura habitación se tornaron grises.

Tengo un ángel caprichoso que juega conmigo a su antojo. Me despierta por las noches con un suspiro en mi cuello, y luego echa a volar. Yo, desvelada, corro tras su ausencia, dejando mis sueños sin acabar.
El largo pasillo pregunta por su fragancia cautivadora, arrojando haces de luz de un sol madrugador. Las nubes aún no han despertado.
Tras una larga búsqueda de ilusiones y principios, lo encuentro de pie, inmóvil en una larga sala blanca. Las cortinas de seda del mismo color, bailotean con el viento que entra por la ventana abierta que da al mar, ahora también blanco. Un mar albino que desprende un aroma a sal y a viejos recuerdos que te devuelve la marea.
Mi ángel me da la espalda; yo ando despacio, muy despacio hacia él. Pero es un ángel, y como todos los ángeles, tiene alas que suele usar para alejarse de mí.
Ésta vez no fue diferente. Me dejó allí, anhelando su idílica pureza. Pero ya estaba acostumbrada a la soledad que me dejaba mi ángel.

Más tarde me desperté, ya no me dolía tanto la cabeza, pero daría todo lo que fuese para que el sueño se volviera a apoderar de mí, y así poder volver a ver al ángel. Pero mi vida continuaba, y sabía perfectamente que mi oscura soledad se vería salpicada por su presencia en mis momentos de locura.

El viaje de la amapola.

sábado, 14 de mayo de 2011 15:27 Publicado por Saddy Sweet 1 comentarios
Aquella mañana la lluvia había llamado incesantemente a su ventana. Esa ventana en la que tantas veces se había asomado para invocar a los ángeles y a las musas. Aquella ventana por la que las estrellas le habían visto llorando lágrimas ácidas que le habían consumido el alma.
Ese día despertó sobresaltado; sus monstruos nocturnos no le habían dejado dormir. Las sombras oscuras que señalaban una vida que no le había sentado bien se acomodaron bajo sus ojos azules, haciendo que su cara pareciese más pálida de lo que era. Aún viviendo en la costa, seguía manteniendo su lividez.
Atraía a las nubes y a la lluvia como la miel a las moscas. No le importaba demasiado. Se afilió a la oscuridad y al frío que roía sus huesos.

Caminó bajo la lluvia, ahora tenue. Iba mirando al suelo, aunque podría haber ido con los ojos tapados y habría llegado igual.
La espera le llenaba de ansiedad. Necesitaba verlo como los alcohólicos necesitan su vodka.
Echó a correr y la lluvia aumentó su intensidad acompañándolo el último tramo de su ansiado camino. Mientras unas gotas de sudor frío resbalaban por sus sienes, se puso a llorar como lo habría hecho un niño perdido entre la multitud. En realidad, eso era lo que le pasaba a él. Se sentía perdido entre la gente que le miraba y le señalaba  con un dedo acusador sin comprender por qué se siente tan vacío sin la mitad de su espíritu, que ahora descansaba en el mar; su lugar preferido y a donde se dirigía veloz.

Llegó a los acantilados salpicados por espuma blanca y posó su mirada en las burbujas que salían con fuerza del mar. Las gaviotas que sobrevolaban las olas emitían un sonido sordo y ahuecado que rasgaba el cielo. Él las miró distraído y, secándose las lágrimas que arañaban sus mejillas, se sacó una amapola roja del bolsillo de su sudadera.
La contempló como si ello fuera la razón de su existencia. Observaba sus pétalos rojos y su tallo marchito, que le recordaba a su nueva vida, apagada e insulsa.
Desde que ella se había marchado, parte de su alma se había ido con ella para rogarle que volviera a buscarle. Pero nunca regresó y ahora la mitad de su espíritu viajaba en un tren submarino que no paraba nunca, buscando un tesoro escondido.
Él arrojó la amapola. La tiró como si le tuviera asco; y la vio caer, balanceándose como lo hace un pliego de papel en el aire.
Finalmente cayó al mar, que la mantuvo un instante en su fría superficie para darle tiempo de despedirse, y luego se la tragó delicadamente. Él dejó caer unas lágrimas para que acompañasen el viaje de la amapola buscando a ese tren que intransigentemente rastrea el resto de su ser dañado.
Después, dejó que el paisaje fuera observado por sus ojos, ahora grises, y luego...simplemente se fue.

Welcome!

13:22 Publicado por Saddy Sweet 0 comentarios
Hola! =D
Siempre tuve ganas de tener un blog y continuarlo hasta el día en que las cosas cambien demasiado como para seguir siendo yo.
Éste no será diferente a los otros, ni tampoco sobresaldrá por la simple razón de que no es más que un sitio semejante a una maleta, en la que podemos encontrar aquellas cosas que debieron o siempre deberían acompañarnos en un viaje, aunque muchas veces no lo hacen. El viaje puede resultar largo y aburrido, o corto e intenso. Nunca se sabe, siempre es inesperado pero irreversible.
Aquí se relatan cosas que al menos una vez en la vida habremos sentido, afortunada o desgraciadamente. También cabe la posibilidad de que nunca las sintamos; llegados a ese punto deberíamos replanteárnoslo todo y ver si tenemos tanta suerte como para no sufrir ese tipo de cosas, o para cambiar y empezar a vivirlas.

Al fin y al cabo, cada uno tiene su propio viaje, y aquí hay recuerdos de personajes que tengo en la memoria que me gustaría compartir. En fin...cada uno es un mundo...y aquí está el mío. : )

¡Un beso de chocolate!